Recordar, reconocer y dar a conocer
Hoy hemos recordado, en un acto sencillo y emotivo como cada año, que el 21 de julio de 1970 fueron asesinados en Granada tres obreros de la construcción: Antonio, Manuel y Cristóbal. Ellos, junto a miles de albañiles granadinos, participaron en la huelga de la construcción de 1970. Una huelga que supuso un punto de inflexión, tras el letargo de más de 30 años en los que los trabajadores granadinos respondía, bien con el silencio bien con la emigración, a la miseria y a la humillación que caracterizaban las condiciones de vida y de trabajo en aquella época.

El contexto era muy diferente al actual. Sufrían represión y ausencia de libertad y carecían de sindicatos libres y fuertes para canalizar sus reivindicaciones y luchar por su dignidad como trabajadores. Existía, eso sí, la afiliación obligatoria al sindicato del régimen franquista, el sindicato vertical, que frenaba cualquier intento de movilización o rebelión de los trabajadores.
Hoy, 41 años después, recordar a los tres compañeros asesinados, nos sirve también para reconocer lo mucho que ha costado arrancar y mantener cada uno de los derechos laborales y sociales que hoy disfrutamos. Derechos que hoy, aprovechando la crisis, nos quieren arrebatar con “malas artes”.
Efectivamente, los poderes financieros, económicos y políticos no dudan en utilizar todos los medios a su disposición para dividir a la clase trabajadora y, de paso, desprestigiar a los sindicatos de clase. Y lo hacen porque son conscientes de que con sindicatos fuertes, los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos están más protegidos y, en consecuencia, los poderosos encuentran más dificultades para implantar su modelo neoliberal.
Últimamente, tengo que reconocer que le están echando bastante imaginación. Por ejemplo, aprovechando el respaldo social a las marcas 15M o DRY, están volviendo a lanzar sus dardos envenenados contra los sindicatos de clase. Los jóvenes de la UGT, doblemente indignados, no han tardado en darse cuenta de la manipulación y la han denunciado a través de las redes sociales.
Por eso, como UGTistas, hoy más que nunca, tenemos la obligación de recordar y reconocer el trabajo sindical de los compañeros y compañeras que nos han precedido. Sin ellos, sin ellas, no habríamos llegado hasta aquí. Y nuestra obligación ahora es dar a conocer a los trabajadores, a los ciudadanos, a los más jóvenes, a los que nadie les contó nunca esta parte de nuestra historia, que seguimos dando la batalla, de otra manera, eso sí, porque estamos en un contexto muy distinto, pero, pese a quien pese, orgullosos de saber que realizamos la más digna de las tareas: defender a los trabajadores y a las trabajadoras.
