La palanca

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La palanca


DECEPCIÓN. Esa es la palabra que mejor define el estado de ánimo acerca del contexto político que estamos viviendo en estos últimos meses. Excluyendo a los partidos tradiconales, porque de esos partidos no esperaba nada, salvo que pasasen al olvido por el daño que ha hecho a buena parte de la ciudadanía en cada año de gobierno, todos, absolutamente todos, me han decepcionado en mayor o en menor medida. Me explico.

Entre el "todo y nada", hay un espacio inmenso para encontrarse. Hay que hacer ejercicos de equilibrio para no coincidir. Pues bueno, nuestros flamantes y recién elegidos representantes llevan haciendo malabares nada más empezar la nueva legislación.

pueden tuitear con desenfreno y sin filtro lo buenísimos que son y lo malísimos que son los demás, ya pueden convocar ruedas de prensa cada 5 minutos para hacer lo propio, ya pueden salir en la tele a decir y desdecir esto o aquello, coincida o no con lo que decían o desdecían hace un día, hace un mesa o en plena campaña electoral. Ya no cuela. O al menos a la gran mayoria y a mí ,ya no vale.

Tampoco nos hacemos a la idea que les valga a las personas que quieren trabajar y no encuentran empleo, a las que tanto tiempo llevan en desempleo y que no cobran ninguna prestación, a las que han visto, obligados, a marchar de su tierra para trabajar, a las que, teniendo empleo, se han quedado sin convenio, sufren precariedad, jornadas intensas y condiciones laborales y salarios de miseria, a quienes sólo consiguen empleo sin derechos en la economía sumergida y a los sindicalistas que lidian cada día con los destrozos que provoca las condiciones de vida y de trabajo de sus compañeros y compañeras. Estoy en la certeza de que la mayoría de ellos consideran una frivolidad hablar de estabilidad a todo lo que queda por delante…

¿Acaso dos meses de moqueta en el Congreso ha nublado la mente de nuestros gobernantes y ya no saben lo que pasa en la calle y en los centros de trabajo? ¿Ya no les preocupa la desigualdad y la pobreza se estén extendiendo, otra vez, en nuestra sociedad de manera alarmante? ¿Habrá que explicar que sin trabajo digno no hay derechos, ni calidad de vida, ni nada? ¿Se han olvidado quizá de que la gestión ha dejando desatendidos a miles de personas, excluidas o en serio riesgo de exclusión social?

Hemos pasado de considerar una metáfora la dicotomía entre izquierda y derecha, de idolatrar la centralidad y la transversalidad políticas, de considerar que la gestión política debe centrarse en los problemas de la gente y no en estrategias partidistas… y ahora resulta que, a estas alturas, las diferencias ideológicas entre unos partidos y otros son insalvables y los problemas de la gente ya no se encuentra en la agenda política de mas de uno y que la usan más como arma arrojadiza para defender su inmovilismo y enrocarse en la defensa férrea de unos documentos que utilizan casi como los creyentes.

Nunca imaginé que empezaríamos el mes de enero sin nuevo Gobierno. Tampoco creo que lo imaginase mucha de la gente que fue a votar con la ilusión. Cierto que mayoritariamente ninguno de los partidos en liza consiguió la confianza para gobernar en solitario, afortunadamente en mi opinión, pero parece que la mayoría no se ha enterado de que el mandato de las últimas urnas les obliga a ponerse de acuerdo sí o sí en la legislatura.

Precisamente porque no salen los números, ninguno debería aspirar a imponer a los demás el cien por cien de su programa; ni perderse en estrategias partidistas, nadando y guardando la ropa para volverla usar en junio como si aquí no hubiese pasado nada; ni poner vetos o líneas rojas; ni despreciar al otro, sea grande o sea pequeño, porque al hacerlo desprecia a sus votantes.

Un poco de cordura y sentido de la responsabilidad es lo que necesitan. No es un juego lo que tienen entre manos. Es la vida la gente.

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