La palanca

¿Necesitarán sus señorías señales de humo?


Si hay un país que necesita la inversión pública como agua de mayo para el desarrollo de su sector industrial, ese es España.

Si hay un país que necesita una estrategia para destinar recursos públicos hacia la inversión productiva, ese es España. Si es que se pretende lograr el objetivo de la Comisión Europea de que el sector industrial alcance el 20% sobre el PIB para este año. Si hay un país que necesita impulsar la productividad, no rebajando costes laborales, sino con una clara política energética, mejorando la eficiencia en la producción e incrementando la inversión en I+D+i, ese es España. Si hay un país que necesita un nuevo modelo productivo que genere empleos de calidad, ese es España. Si es que el drama del desempleo realmente preocupa a nuestros gobernantes.

Y así podríamos seguir enumerando lo que se necesitaba y no se ha hecho, hasta concluir que la gestión económica del Gobierno ha ido justo por el camino equivocado, por más medallas que quieran ponerse con lo de las “reformas estructurales” imprescindibles y la cacareada “recuperación” que, según dicen en el Gobierno, debemos agradecerle manteniéndoles en la Moncloa. Y mientras el resto de partidos andan mareando la perdiz con el ojo puesto en una nueva cita electoral, en lugar de actuar con responsabilidad pactando un nuevo Gobierno cuanto antes, nos enteramos de la última: España ha presentado apenas siete proyectos y media docena de acuerdos de financiación, por valor de unos 615 millones de euros , del total de 21.000 millones de euros del famoso Plan , y que, según estimaciones de los expertos de Bruselas, podrían movilizar un total de inversión público-privada de 2.500 millones de euros y crear 5.500 empleos.

Preocupante el escaso interés de nuestro Gobierno en un plan, que aunque claramente insuficiente e ineficaz en su diseño, según valoración, se plantea como objetivos impulsar la creación de empleo y la recuperación económica, satisfacer las necesidades, a largo plazo, de la economía europea, mejorar la competitividad de la zona y reformar la dimensión europea del capital humano, la capacidad productiva, los conocimientos y las estructuras, Por cierto, en beneficio de los ciudadanos europeos a través de la creación de empleos de calidad, la cohesión social y la promoción de la política medioambiental. Esas propuestas eran realizables y creíbles, pero exigían más Europa y los líderes que nos han tocado en suerte ni estaban ni están por la labor. En cualquier caso, imagino que en Bruselas se estarán preguntando cómo es posible que otros países menos golpeados por la crisis se estén llevando el gato al agua, mientras España, que soporta una tasa de paro superior al 20% y una importante caída de la inversión pública en relación con el PIB, desaprovecha la oportunidad que ofrece la UE de obtener dinero a muy largo plazo y a muy bajo interés.

En España, a estas alturas, una ya no se pregunta nada porque hay evidencias palmarias. La lucha contra el paro ni ha sido ni es la prioridad del Gobierno. Basta echar un vistazo a las estadísticas oficiales en materia de empleo a lo largo de los últimos 4 años y a sus reformas en la legislación laboral para comprobarlo. ¿Por qué entonces se va a molestar en preparar más y mejores proyectos que apoyen la inversión y la creación de empleo? No hay duda de que si quieren 4 años más en la Moncloa no es para resolver los graves problemas de nuestro país, sino para hacer más de lo mismo: Favorecer con sus políticas a una minoría sacrificando la calidad de vida de la inmensa mayoría. A ver si se enteran en el Parlamento y hacen algo por impedirlo. ¿Necesitarán señales de humo?

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